
En los últimos 10 años los mercados han venido acelerando su paso conforme se ha estado consolidando la globalización, siendo esto último producto de la interconectividad entre consumidores (redes sociales), la disponibilidad de la información en tiempo real, la desaparición de las fronteras comerciales y el dinamismo global que genera la ansiedad de explorar nuevas opciones, entre muchas cosas más.
Como todo tema que se pone de
moda, la gran mayoría de los ejecutivos incluyen en su léxico diario los temas
relacionados a la tecnología de información y redes sociales, sintiendo que, por
el simple hecho de comunicarse mediante aplicaciones desde un dispositivo móvil,
ya están al tanto de la revolución comercial global que se vive con gran intensidad. Esta venda en los ojos los convierte en simples veletas ante la intensidad de los vientos del cambio, confirmando la dirección que el mercado está marcando cuando en realidad deberían ser generadores de energía eólica.
El aceleramiento de los mercados
abrió oportunidad para el surgimiento de nuevas empresas y competir contra las
“tradicionales” presentando una ventaja de flexibilidad y agilidad adaptándose más
rápidamente al forzado cambio que sus clientes experimentaron. Se viven momentos donde
“volver a nacer” es más fácil que transformarse, lo cual ha venido causando fuertes
impactos en el interior de las empresas robustas, y de toda aquella PYME que no se ha dado cuenta de lo que esta sucediendo. Algunas se consolaron con
un forzado deslumbre optimista de saberse líderes en sus respectivos mercados, permitiendo otros tomaran
los nuevos pasteles de mercado sin mucha presión.
Ahora, como reacción ante los cambios, las empresas "tradicionales" buscan participar en esos nuevos pasteles tomando uno de los dos principales caminos disponibles: “Volviendo a nacer” (adquiriendo empresas recién emprendidas) y/o transformándose internamente.
Ahora, como reacción ante los cambios, las empresas "tradicionales" buscan participar en esos nuevos pasteles tomando uno de los dos principales caminos disponibles: “Volviendo a nacer” (adquiriendo empresas recién emprendidas) y/o transformándose internamente.
Los indicadores de desempeño y
rentabilidad de hace 10 años ya no son suficientes, algunos hasta se han vuelto
inadecuados, dada la transformación interna de las organizaciones ahora orientadas
a los movimientos de los mercados en los que participa. Los indicadores deben orientarse para responder la pregunta que tan fácil se puede responder a las cambiantes demandas del mercado.
He tenido la oportunidad de colaborar en la transformación exitosa de empresas, tanto de manera acelerada y dolorosa, como de manera
pausada y suave, ambos escenarios bajo proyectos muy bien planeados y ejecutados. De la misma manera, me ha tocado ver empresas apostar al crecimiento
pero optando por seguir operando sobre modelos obsoletos en estrategias y
directrices, que, sin hacer mucho diagnóstico, a todas luces anuncian que van directo a
estrellarse contra una pared.
Los mercados cambiaron y seguirán cambiando, las
estrategias y directrices internas deben adaptarse para sostener el ritmo sin perder paso. Especialistas de negocios
(operativos y comerciales), desde hace 6 años anunciaban a las empresas la
inminente necesidad de empezar a hacer cambios, ya que aún había tiempo, aunque
ya iban tarde, para salvarse de morir. Ya se nos anunciaba la urgencia de dejar de mirar
a la competencia sino de ya realmente empezar a mirar a los clientes, quienes ya se
venían convirtiendo en la nueva competencia con sus nuevas exigencias. Los clientes hoy están mucho mejor informados, ya no es como hace 15 años que no podían escoger opciones más allá que la simple vista, no podían comparar con las tendencias en otros lados del mundo. Hoy es una realidad esa profecía de negocios anunciada, los clientes pueden comprar productos y servicios ubicados hasta el otro lado del mundo, literal, y ser atendidos en el momento que ellos desean ser atendidos. Piensen por unos segundos, analicen y respondan estas preguntas:
¿Todavía creen que las empresas que usan los modelos tradicionales de cadena de valor, pueden enfrentar lo que nunca se les había exigido?
¿Todavía creen que atender y resolver estas nuevas exigencias del mercado, es labor única de Mercadotecnia, del área Comercial, del Director de Ventas, de los responsables de Servicio al Cliente y/o del Director General?
La “muerte de una empresa” por
"causas naturales de cambios en el mercado”, es una muerte lenta, de adentro
hacia afuera, como el cáncer que puede existir dentro sin tener conocimiento hasta
que es detectado, ya sea por diagnóstico (consultoría interna o externa) o
porque sus efectos se vuelven demasiado evidentes y, en ocasiones,
catastróficos.
La solución debe ser integrada de adentro hacia
afuera, desde el corazón de la operación hacia la experiencia del consumidor. Ya sea un servicio, una
comercialización y/o un producto manufacturado, el establecimiento de las
estrategias y directrices de las empresas deben ser implementadas a lo largo y ancho de las
mismas, sin excepción, y totalmente ligadas al objetivo principal de toda
organización que es la de rentabilidad total.
Como ya lo había mencionado en un
artículo anteriormente, muchos ejecutivos se consideran estrategas por contar
con muchos años de trabajo en su currículum laboral, remarcando la gran diferencia
entre tener años de trabajo y años de experiencia. Los años no es lo que te
hace más sabio, la sabiduría te la otorga la experiencia, la experiencia no es lo que te sucede, es lo
que haces con lo que te sucede. Pasar años sin que suceda nada, no es experiencia.
El concepto anteriormente descrito, aplica directamente para los
verdaderos estrategas y directores, los que generan valor agregado, los
que hacen la diferencia, los que piensan fuera de la caja y ejecutan. Sus habilidades son resultado de conocimiento y experiencia, de
entender la cadena de valor, de haberla vivido, de haberla sufrido, de realmente entender que la
única constante es el cambio y este último se supera de manera exitosa cuando la comunicación y el
involucramiento de la empresa es total.
¿Eres estratega?, ¿Eres director?,
¿Eres ambos?. No te confundas, un término no lleva de manera implícita al otro. El
estratega no siempre tiene el liderazgo para la ejecución, el director no
siempre tiene la capacidad analítica para desarrollar escenarios. Ser un ejecutivo "2 en 1"
implica un perfil bastante complejo de leer que por lo general intimida a muchos por
ser personas muy bien documentadas, orientadas a gente y resultados, que siempre tienen una respuesta a cada situación, sin
sorprender que la respuesta puede llegar a ser “no tengo mucha experiencia en este tema, conozco a alguien que nos puede ayudar”. Puede ser observado como una combinación de humildad y soberbia. Los verdaderos líderes son los que pueden liderar a un ejecutivo de este tamaño.
En próximos artículos presentaré algunas estrategias y directrices en las diversas áreas de la cadena de
valor, así como de la necesidad de los modelos de gobierno necesarios para
asegurar resultados en la correlación de las mismas a lo largo de la cadena.
¡Tengan un excelente día!
Pedro Castillo
“¿por qué te esfuerzas tanto en
adaptarte si naciste para sobresalir?”


